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sábado, 31 de mayo de 2014

El ethos del “útero público” no sirve a los intereses de Israel

La actitud que asume la sociedad ante la soltería por elección y ante aquellas mujeres que deciden no tener hijos está lejos de ser tolerante y lejos de intentar contener el fenómeno. La presión que la sociedad opera sobre las mujeres solteras y sin hijos, con el fin de cambiar su estatus personal y familiar, es de enormes dimensiones y está inversamente relacionada con el grado de legitimidad que la sociedad les irradia. Esto se suma al ya establecido estereotipo que ve a la soltería como una amenaza  a la institución del matrimonio.

Una amiga mía soltera y sin hijos - por elección-  de 36 años, me conto una anécdota que le había sucedido hacía dos días: un hombre la levantó cuando estaba haciendo dedo, y vaya que no encontró mejor manera de intentar romper el hielo que convencerla de que debe tener hijos, de que los niños traen la felicidad, y de que ella no puede imaginarse lo que se pierde.  Todo esto, sin ni siquiera saber si se trata de una elección de su parte o de un problema de fertilidad.  El tipo simplemente trató de darle validez a la frase “בקרוב אצלך” (“muy pronto también tu”, que en este país se usa decirles a las solteras en los casamientos, como un buen deseo). No pongo en duda de que los niños nos hacen felices, tampoco hago un llamado a la soltería, sino que intento una mirada un poco más amplia y quizás también crítica sobre el fenómeno social.  

Los datos estadísticos muestran una clara tendencia de que el fenómeno de la soltería por elección y la falta de hijos esta creciendo en el mundo occidental.
 ¿Y cuál es la situación en Israel?

El culto a la natalidad

La tasa total de natalidad (promedio de hijos que una mujer dará a luz en su vida) en 2012 - se estimó en 3.05. La población israelí se considera una población relativamente joven en relación a la población en los países occidentales. La natalidad de la mujer en Israel es de las más altas, comparando con la mayoría de los países de la OCDE. En 2012 el porcentaje de niños de 0-14 años de edad en Israel se midió en un 28,2 %. En 2012, la edad media de la población israelí fue de 29,6. En mi opinión, uno de los órganos que forman parte del cuerpo de la  mujer judía israelí se ha  convertido en público. Se trata del “útero público”. Este término –y la idea incluida en el-  le ordena a la mujer judía israelí donar su útero a la sociedad y al Estado. En otras palabras, su vientre no le pertenece sólo a ella, sino también le pertenece al estado y a la sociedad, por lo que se espera que se multiplique con el fin de atender las necesidades demográficas nacionales.  Sirviendo así también a las necesidades militares y de seguridad, a la descendencia de la nación y al sustento de la Tierra de Israel. El ethos del útero público es un primo directo de la ética del “uno para todos”  generada durante el establecimiento del estado.

Lugar de Israel en la tasa global de fecundidad de la OCDE, el primero de la izquierda.



Es más que obvio que la mujer paga un precio. Es suficiente centrarse en los datos pertenecientes al mercado laboral asalariado, para ver las diferencias y la discriminación que causan detrimento en las mujeres, especialmente en aquellas que son madres. Las mujeres pagan el precio. Este precio no se reduce sólo a tener que lidiar con preguntas ilegítimas e ilegales en las entrevistas de empleo o en la discriminación -abierta o encubierta- que sufren las mujeres que quieren volver a una carrera después del nacimiento de los niños. Creo que el precio que pagan las mujeres es más profundo.
Es el uso del cuerpo femenino como un recurso para la promoción de una ideología, el uso del cuerpo femenino como una herramienta para la implementación de ideas. El cuerpo de la mujer como un recurso más para la creación de un estado judío,  una herramienta para la preservación, el crecimiento y la continuidad del Estado judío y para la unión nacional bajo el culto a la fertilidad y la natalidad. El método de utilizar el cuerpo femenino como un producto en sí mismo o como un recurso para promover ideología o para promover algún producto de consumo, no es nuevo. No sólo que el método funciona, sino que existe la interiorización de este discurso por las mujeres mismas –que se encuentran sumergidas en el-. Esta internalización suprime cualquier espacio de discusión social relacionada con el individuo, con los sentimientos personales y con la identidad femenina. Tales cuestiones son empujadas  fuera de los límites de la discusión social y así es cancelado cualquier intento de rever o poner a prueba las prioridades sociales. Esta situación viola el debate sobre el lugar de la mujer en la sociedad y su derecho a la igualdad. Las mujeres pagan el precio. Pero puede ser que no solamente las mujeres?

El ethos del "útero público" no sirve a los intereses del Estado

El problema del envejecimiento de la población y el descenso de la fecundidad es visto como un problema general real. Sin duda alguna es un grave problema en términos de la estructura económica actual. Hay quien predice el colapso del sistema de pensiones y el colapso del sistema de salud nacional.
Si en los años sesenta y setenta le temíamos a un futuro de sobrepoblación que traería una crisis global sin precedentes, hoy le tenemos miedo de una tasa de natalidad baja y al envejecimiento de la población. De hecho, la tasa de natalidad disminuye en los países desarrollados, principalmente en Europa occidental.  Junto con la disminución de la tasa de natalidad también se está viendo un aumento en la esperanza de vida. Aunque no es lo que sucede en los países en desarrollo. Puede ser que en cierta medida estemos viendo un proceso de equilibrio, una contracción y expansión natural de la población general del planeta. Tal proceso podría  mantener al género humano lejos de un derrumbe como consecuencia de hacinamiento. Tal vez, tratar a la disminución de la tasa de natalidad como un problema sería una mirada completamente equivocada, local y estrecha. Tal vez deberíamos  mirar la situación como una condición natural y deseable. ¿Quién sabe si este no es el momento de cambiar la estructura económica en curso y re- definir las estructuras sociales existentes, en lugar de seguir alentando la maternidad y el crecimiento demográfico? Las consecuencias de la densidad de la población en Israel pueden ser más devastadoras que la desaceleración de la natalidad. Israel duplicará su población en 2050 y así se convertirá en uno de los países más densamente poblados  y hacinados del mundo. El impacto de tal escenario no se ve muy positivo.


Tal vez sea hora de considerar los costos sociales que estamos dispuestos a pagar, de examinar críticamente las prioridades sociales y de romper el espíritu del útero público. Obviamente, esto pondría a prueba la definición básica del Estado de Israel, pero tal vez ya es hora de mirar amplio y largo, y de examinar seriamente también esa opción.

*** * ***

Tu comentario es bienvenido y enriquece toda opinion.

2 comentarios:

  1. Es muy triste la realidad en este sentido. La presión sobre la mujer es realmente fuerte, lo he visto de cerca.
    Al principio me sorprendía que me preguntaran si no pude tener hijos, o me miraban como a una pobrecita, y con paciencia explicaba que fue mi decisión, bla bla bla
    Llegó un momento en que dejé de dar explicaciones sobre el tema.
    Creés que es posible un cambio?

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  2. Siempre optimista yo....creo que si pero sucede muy de a poco. Lo que me parece grave es la internalizacion de los mensajes, porque eso es lo mas dificil de cambiar. no?

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